By Pierre Laurent
Translated mardi 7 octobre 2008, par
Cuando la crisis norteamericana de las “subprimes” comenzó, los dirigentes del mundo capitalista nos explicaron que estaba circunscrita al sector inmobiliario y que el contagio sería evitado. Cuando el contagio se ha propagado, y la crisis se ha convertido en tempestad, han insistido que tienen la situación bajo control. En ese momento, Nicolas Sarkozy y su ministra Christine Lagarde nos han reiterado su fe en el modelo estadounidense y nos han asegurado que Francia estaba fuera de peligro. Hoy la tempestad se ha vuelto huracán. Los Estados Unidos arrastran al conjunto del sistema financiero internacional en una crisis que todo el mundo reconoce que no tiene equivalente histórica. ¡En Francia la crisis está ya de hecho ! Paro, recesión, pérdidas bancarias... no nos escapamos de nada. De repente, el tono cambia, deben reconocer la extrema gravedad de la situación. Pero, en el fondo, el discurso es el mismo : “la crisis financiera, no es la crisis del capitalismo”, repite el jefe del Estado, “sino de los excesos especulativos que habrían traicionado el espíritu del capitalismo”. Conclusión : todo el mundo debe movilizarse para salvar el sistema.
En EE.UU. todo cambia cada día aumentando el montante del agujero financiero. Los dirigentes norteamericanos han cuantificado lo que van a hacer pagar a sus contribuyentes y a los pueblos del mundo entero que financian, vía dólar, los déficits estadounidenses : ¡700 mil millones de dólares (500 mil millones de euros) ! En Francia, el gobierno no pone cifras, pero promete sudor y lagrimas y justifica la intensificación de su política.
Una pregunta crucial se plantean en el mundo entero, en cada país, en Francia, en Europa, los asalariados, los agentes económicos : Ante esta crisis histórica, ¿debemos aceptar la purga, la sangría que nos proponen e intentar relanzar el sistema sin cuestionar sus fundamentos ?, esperando que mañana funcione de una manera más razonable. O, por el contrario, ¿Hay que decir basta a la especulación, a las desregulaciones, a la competitividad generalizada ?, cuestionando el sistema a todos los niveles, en Francia, en Europa, en el mundo, y lanzarse a la construcción de otro modelo de desarrollo y de crecimiento.
Resignarse a la primera hipótesis, al engranaje que nos proponen, sería una locura. Primero porque los estragos sociales, humanos, los desastres financieros que resultarían de ello, serían considerables. Después, porque dejando intactos los mecanismos que han conducido a la crisis, especialmente, la avidez de dividendos financieros como base del crecimiento, estos remedios destilarían de nuevo el veneno, que se supone, van a tratar. La recaída en nuevas crisis sería inevitable.
En definitiva, la crisis, no es solo financiera, es global.
¿Hasta cuándo el mundo va a seguir el juego de las políticas de dominación norteamericana, que han fracasado, sin duda, en el plano monetario y en el financiero ?, fracaso tanto en Irak, en Afganistán o en el Próximo Oriente, como en el ámbito de las grandes crisis ecológicas. La política sarkozista en la que el gobierno quiere hundirnos, como las políticas liberales europeas practicadas desde hace años, son totalmente extemporáneas. Son aquellos que han privatizado todo, que han desreglado todo, que han subordinado todo a la avidez de los mercados, quienes han provocado la crisis mundial. ¡Sería una aberración continuar la vía que nos han marcado y que nos lleva a la catástrofe !
¿Es el momento en Francia de “liquidar” las medidas protectoras del Código del trabajo ?, ¿de mantener los salarios bajo mínimos ?, ¿de dejar a los mercados especular sobre los precios de los artículos de consumo ?, ¿de jugarnos las pensiones a su financiación en la bolsa ?, ¿de mercantilizar la sanidad ?, ¿de acabar con las viviendas sociales en beneficio de un quimérico “todos propietarios” ?, ¿de privatizar el Servicio postal ?... Porque es éso a lo que apunta el programa gubernamental, bajo pretexto de “favorecer la iniciativa”.
Lo que sería oportuno, por el contrario, para frenar la crisis : Cerrar los grifos de la especulación. Proteger el trabajo de los vaivenes bursátiles, pagándolo mejor. Apoyar el consumo. Afianzar los sistemas de protección social por financiación solidaria, especialmente por parte de las empresas, lo que disuadiría al mismo tiempo de algunas derivaciones financieras. Detener las privatizaciones y retomar los servicios públicos de calidad, como punto de apoyo a una actividad económica más sana. Gravar las finanzas para fomentar la inversión. Recuperar bajo control público las políticas de crédito. Privilegiar nuevos modelos de desarrollo sostenible, todo lo contrario a políticas de dividendos a corto plazo… Es necesario promover estas nuevas propuestas en Francia, en Europa, en el mundo. Todo esto no se hará quizás de un día para otro, pero una cosa es segura, en este momento, el mundo entero se hace estas preguntas.
Wall Street, la Meca del capitalismo, es también la del presidente francés, quien declaraba el 14 de septiembre de 2006 en Whasington : “la virulencia contra los Estados Unidos, es una forma de envidia ante vuestros brillantes éxitos.” ¡Qué perspicacia !